GRAMÁTICA: CONCORDANCIA VERBAL

Earl Ober es vendedor y está buscando empleo. Pero Doreen, su mujer, se puso a trabajar como camarera de turno noche en un pequeño restaurante que abre las veinticuatro horas, situado en un extremo de la ciudad. Una noche, mientras toma unas copas, Earl decide pasar por el restaurante a comer algo. Quiere ver dónde trabaja Doreen, y de paso ver si puede tomar algo a cuenta de la casa.

Se sienta en la barra y estudia la carta.

-¿Qué haces aquí? -dice Doreen cuando lo ve allí sentado.

Le tiende la nota de un pedido al cocinero.

– ¿Qué vas a pedir, Earl? -dice luego-. ¿Los niños están bien?

– Perfectamente -dice Earl-. Tomaré café y un sándwich de ésos. Número dos.

Doreen toma nota.

– ¿Alguna posibilidad de… ya sabes? -dice, y le guiña un ojo.

– No -dice ella-. No me hables ahora. Tengo trabajo.

(No son tu marido – Raymond Carver)

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El señor Fellows era avaricioso: quería cien dólares en metálico y el cincuenta por ciento de los derechos de patente. Ralph consiguió que redujera esto último al veinte por ciento, pero no hubo forma de que disminuyera el pago inicial. El abogado redactó un documento definiendo la participación de Ralph y la del señor Fellows, y unos días más tarde Ralph fue a Brooklyn y consiguió llegar a una fábrica de persianas venecianas cuando las puertas estaban ya cerradas.

(La olla repleta de oro – Jhon Cheever)

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