Documental

DOCUMENTAL: “THE WOLFPACK” (2015)

Una yanqui medio jipi va a hacer el paseo del Inca y conoce a un peruano que la cautiva, con quien establece una relación única. La idea inicial del peruano era irse a vivir a Escandinavia y tener diez hijos para criarlos en una especie de isla social. En vez de eso tienen siete hijos y quedan estancados en un estadío intermedio: un departamento de contención en el Low East de Nueva York, como si fueran los de Lugano, donde crecen casi sin ningún contacto con el mundo exterior. El peruano alternativamente sale a buscar comida. Mientras tanto, la mujer y los hijos pasan las horas: mirando por la ventana a lo lejos la punta luminosa del Empire State y viendo películas que después recrean línea por línea usando trajes hechos de manera artesanal con restos de cosas. Hasta que el hijo del medio decide ponerse una máscara y salir al afuera. Eso progresivamente mueve una fuerza que había en el departamento y, contra el dogma del peruano, los lleva a todos hacia una vida más parecida a la normalidad. El documental se llama “The Wolfpack” (“La manada de lobos”) y amerita verlo una segunda vez sacando los subtítulos porque hay una dimensión gestual que es bastante tremenda.

Advertisements

EL SUSURRO DE LOS MERCADOS

Ezequiel Alemian (escritor) sobre su trabajo como periodista financiero:

“Cuando empecé a trabajar de periodista eran los primeros años de la convertibilidad […] El periodismo financiero, como una rama específica del económico, me enfrentaba con algunas incógnitas, como la de comprender cómo se articulaba su valor de verdad en relación con lo real. Recuerdo que me fascinaban leer los informes de los bancos de inversión, los prospectos de emisión cada vez que se lanzaba un activo nuevo, o un bono, toda esa organización aparentemente súper institucional que rige la generación y circulación de esos documentos. Eran los años en que el mundo financiero se detenía para escuchar lo que decía Alan Greenspan, titular de lo que sería el Banco Central de EE.UU. Greenspan era como un brujo minimalista que decía siempre más o menos lo mismo, la misma docena de palabras en cada informe, pero siempre cambiaba una coma, o una palabra. Desde días antes los analistas debatían sobre lo que diría, y una vez que lo decía, debatían durante semanas sobre ese cambio, porque de la interpretación de ese cambio dependía el escenario de las variables financieras en todo el mundo. Lo de Greenspan era como un susurro: los mercados se detenían a oír ese susurro, a interpretarlo. Era algo alucinante, demencial.”

mundo-financiero

FOTO: “STUDIUM” Y “PUNCTUM” (ROLAND BARTHES)

Barthes señala dos elementos en toda fotografía: el “studium” y el “punctum”. El “studium” tiene que ver con el significado universal de una foto, está íntimamente ligado al aspecto cultural y social de la persona que la percibe y al propio contexto de la fotografía. La foto de Sarmiento que sigue a continuación, por ejemplo, lleva un epígrafe que dice: “Fotografía post-mortem (1888). El prócer murió hacia las dos de la madrugada. Dado que la luz era insuficiente para hacer la toma, se debió esperar hasta la mañana.” Estos datos corresponden al “studium” y se suman al bagaje cultural que tengamos de antemano: el Sarmiento antirrosista, ya habiendo pasado por Chile, por Estados Unidos, habiendo sido boletinero del ejército durante la batalla de Caseros, habiendo sido nada menos que presidente de la Nación, ahora una luz insuficiente lo refleja y nos lo muestra muerto. En cambio, el “punctum” de una fotografia –señala Barthes– “es ese azar que en ella me despunta”, “surge de la escena como una flecha que viene a clavarse”. “Puede llenar toda la foto” (…) aunque “muy a menudo sólo es un detalle”. Es aquello que “provoca un punzamiento” y puede estar más allá del conocimiento cultural que tengamos de lo fotografiado. Siguiendo este concepto, podríamos preguntarnos dónde radica “el punctum” en aquella foto de Sarmiento que nos muestra su última intimidad, es decir, qué es lo que nos punza de esta imagen: los ojos entreabiertos, el gesto rígido de su mano izquierda, el abanico floreado que descansa sobre su cuerpo. Puede haber tantos “punctum” como espectadores posibles.

sarmiento