Month: November 2016

MITOLOGÍAS: CONTRACARA AL HOMBRE DE ACERO – UN SUPERMAN SOVIÉTICO

superman_hijo_rojo1Superman es una figura que nace, como icono del cómic, íntimamente ligado a la realidad socioeconómica de los años treinta en Estados Unidos. Es, pues, un producto de la Gran Depresión. En un contexto en el que se dejó notar la inestabilidad del sistema económico, así como la del país, la idea de un hombre indestructible, con valores inalterables, caló profundamente en la sociedad norteamericana. El concepto de proteger al débil de las inclemencias de la sociedad se asoció al New Deal de Roosevelt y, de alguna manera, Superman encarna dichos valores. Los colores del traje, símbolo de la patria (y también por ser colores primarios, mas baratos a la hora de imprimir) relatan un nacionalismo humanitario, filántropo, que tiene como único objetivo el bienestar de aquellos que conforman la sociedad. Este nacionalismo es el que vemos, tanto en el cómic como en la película, como piedra angular de la ideología del superhéroe. Al ser una figura íntimamente relacionada con el sistema económico, resulta interesante comparar el Superman capitalista y el comunista. Ambos defienden los mismos valores, pero desde puntos de vista distintos. En el mundo capitalista defiende al pobre y al indefenso de la corrupción con la intención de construir una democracia ideal y donde todos se encuentren integrados en el sistema. En el mundo comunista Superman persigue, del mismo modo, la sociedad ideal, integrada, pero con un principio nuevo: la igualdad. En este supuesto entramos en un conflicto que analizaremos más adelante: Superman representa los valores marxistas, la intención de construir una utopía fundamentada en la igualdad siendo él precisamente lo antagónico a dicho principio. Así pues, entramos en el análisis de la misma figura desarrollada en dos contextos diferentes, contrapuestos y enfrentados durante la Guerra Fría.

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MITOLOGÍAS: SUPERMAN Y LA FIGURA DEL HÉROE

superman_shield-svgPara la antropología clásica del siglo XIX el “mito” como tal se extinguió cuando la mentalidad de las culturas orales fue reemplazada por la mentalidad filosófico/racional de las culturas basadas en la escritura. Sin embargo, los estudios sobre hermenéutica simbólica encabezados por Carl Gustav Jung y Mircea Eliade durante la primera mitad del siglo XX comenzaron a revelar un enfoque muy diferente sobre el mito. Según Jung, la razón de que los relatos míticos e imaginativos nunca hayan dejado de representarse a pesar del desarrollo de la filosofía y de la ciencia reside en que en ellos pervive un valor simbólico que constituye un alimento indispensable para la cultura.

 El mito es, así, la versión narrativa de un símbolo arquetípico.

 Uno de los arquetipos principales descubiertos por Jung es el del Héroe, y una de sus  manifestaciones mitológicas más populares de los últimos setenta años es la de los superhéroes. Las historias de superhéroes no han dejado de multiplicarse desde que el primero de ellos, Superman, viera su aparición en Action Comics en 1938.

 Chris Claremont, el clásico guionista de los X-Men de los 80, afirma: “los superhéroes quizá son la mitología de Estados Unidos. Estados Unidos no tiene una mitología propia. Escandinavia tiene sus sagas y leyendas, Germania su épica, España tiene al Cid.”

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CARTA A BILL GATES

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30 de noviembre 1999

Querido Bill Gates: 

Nadé delante de tu casa de ensueño el otro día, pero no me detuve a llamar. Francamente, los sensores bajo el agua me tenían preocupado. Me hubiera gustado echar un vistazo a “Lost on the Grand Banks” de Winslow Homer. Es un gran cuadro pero, hablando en calidad de amigo y conciudadano, los 30 millones de dólares que pagaste por él son demasiado. ¡EL MAYOR PRECIO PAGADO POR UNA PINTURA AMERICANA! Así que ¿por qué estás tan interesado en un cuadro de dos pobres pescadores perdidos en su bote, en lo alto de una ola, asomados a un muro de niebla? Ellos están tan alto como nunca lo van a estar, a no ser que el mar se ponga más feo. Van a morir, ya sabés, y no será una muerte bonita. En cuanto a vos, Bill, ¿cuándo estás en la Red? ¿te perdiste? ¿o encontraste? ¿Y el resto de nosotros, perdidos o encontrados, estamos en o dentro de ella?

Tu amigo, Allan Sekula

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“A UNA ALONDRA”

[Poema – Texto completo]

Percy Bysshe Shelley

¡Sé bienvenido, jubiloso espíritu!
No fuiste nunca un pájaro,
tú, que desde los cielos o cerca de sus lindes,
el corazón derramas
en profusos acentos, con arte no pensado.

Alta, siempre más alta,
de la tierra te lanzas
como nube de fuego;
por el azul revuelas
y cantando, te ciernes y, cerniéndote, cantas.

En dorados relámpagos
del sol, ya trasmontado,
donde se encienden nubes,
flotas tú y te deslizas
como gozo sin cuerpo que empieza su carrera.

La tardecita pálida y purpúrea, en torno
de tu vuelo se funde:
como estrella del cielo,
al ser día, invisible
eres tú, pero escucho tu voz dulce y aguda,

fina como las flechas
de la esfera de plata,
cuya viva luz mengua
en la blanca alborada,
y ya, sin verla apenas, lejana la sentimos.

Todo el aire y la tierra
de tus trinos se colman:
así, en la noche pura,
desde una nube sola,
derrama luz la luna y se inundan los cielos.

No sabemos quién eres.
Ya ti más parecido
¿qué habrá? De la irisada nube no fluyen nunca
gotas tan radiantes,
como de tu presencia nos llueven melodías.

Así un poeta oculto
en luz de pensamientos,
que entona sus canciones,
hasta sentir el mundo
temores y esperanzas que no advirtiera nunca.

Así un alta doncella
en torre de un palacio,
que alivia pesadumbres
de amor secretamente, con música tan dulce
como el amor, fluyendo de su estancia.

Tal dorada luciérnaga
en valle de rocío,
que esparce, sin ser vista,
aéreos, sus fulgores,
entre flores y hierba que a los ojos la ocultan.

Cual rosa retirada
entre sus hojas verdes,
deshojada por brisas
tibias, hasta que sienten desmayo, por exceso
de aroma, sus ladrones de vuelo fatigado.

Al son de los chubascos
de primavera, en hierbas relucientes,
a flores despertadas por la lluvia,
a todo lo que hubiere
de alegre, claro y fresco, tu música aventaja.

Dinos, ave o espíritu,
tus dulces pensamientos:
nunca oí una alabanza
del amor o del vino,
que tan divino arrobo, ardiente, derramara.

Los coros de Himeneo,
los cantos de victoria,
junto a los tuyos fueran
ostentación vacía,
aquello en que se siente alguna falla oculta.

¿Qué objetos son la fuente
de tu feliz gorjeo?
¿Qué campos, ondas, montes?
¿Qué cielos o llanuras?
¿Qué amor de semejantes y qué ignorar de penas?

En tu alegría clara
no caben languideces;
la sombra de la angustia
nunca a ti se ha acercado;
amas y el triste hastío de amor nunca supiste.

En vigilia o dormida,
pensarás de la muerte
cosas más ciertas y hondas
que nosotros, mortales:
si no, ¿cómo brotara tu arroyo cristalino?

Miramos antes, luego;
lo que no es lloramos:
nuestra risa más clara
se mezcla con suspiros;
da los más dulces cantos nuestro pesar más triste.

Mas si hiciéramos burla
de orgullo y odio y miedo;
si hubiésemos nacido
para no llorar nunca,
no sé si llegaríamos tan cerca de tu gozo.

Mejor que todo verso
de sones deliciosos,
mejor que las preseas
de los libros, tu arte
será para el poeta, ¡tú, que al suelo escarneces!

Si un poco me dijeras
del gozo que tú sabes,
tal locura armoniosa
brotara de mis labios,
que, como yo te escucho, el mundo escucharía.